Yo crecí en un Centro

08-07-2016

    

Ella creció en un centro de protección. Nos deja su experiencia con la esperanza de que sigan llegando mayores que crean en los niñ@s y sus capacidades. !!Gracias por lo que hemos aprendido junto a ti!!


Mantendré mi anonimato, por el respeto que merece mi familia, mi madre y especialmente mis hermanos.  Con mi testimonio, no pretendo hacer una crítica al sistema, tampoco a los Centros Residenciales, es simplemente lo que yo viví y sentí durante 16 años de mi vida.

 

Soy la pequeña de una familia de cinco hermanos, aparentemente normal, salvo que mi infancia no se desarrolló arropada en los brazos de mi madre o rodeada de mi familia biológica. YO CRECÍ EN CENTRO.

 

Llegué al centro con dos años de edad,  la quinta de cinco hermanos, todos y cada uno de ellos en situación de desamparo, procedo de una familia drogodependiente, nací con el síndrome de abstinencia  y los informes declaran que acudía con hematomas en la cabeza. Mi madre consumía droga delante de sus hijos y ejercía la prostitución. Mi padre se paso la mayor parte de mi infancia en prisión. Acudía a verlo tras los cristales del centro penitenciario y  hoy en día cumple condena por tráfico de droga, mi madre falleció debido al deterioro que la droga había causado en ella. Mi abuela se encargaba de atendernos con su pensión, insuficiente para todos y si a esto le añadimos que su hija le robaba para su consumo, la situación llegaba a ser insostenible.

 

Es difícil recordar como fue mi llegada al Hogar Infantil de Ayamonte (La casa cuna), pero he tenido la suerte de crecer junto a mis hermanos, por lo que entre nosotros y a través de los recuerdos revelamos nuestros orígenes y montamos nuestra historia, algunas matizadas por recuerdos olvidados como forma de supervivencia, otras maduradas por la edad y algunas ajustadas por el deseo de que hubiesen sido reales.

 

Todos corrían al patio principal de aquel colegio, para ver a los “hermanos chicos” de Maria, recuerdan que llegue a la edad de los dos años, montada en una silla de paseo, la cual empujaba mi abuela Dolores. Junto a ella, se agarraban a un lateral de la silla unas manos inocentes que seguía de manera expectante  los pasos de esa silla, mi hermano. Sería en ese momento cuando nos despediríamos de nuestra familia biológica para vivir al amparo de la Junta de Andalucía, pasamos de ser Menores en Desamparo a Menores Tutelados.

 

Al ser tan pequeña, los primeros años los pasaría en la tutoría de Sor Concepción, habitaciones y baños adaptados a los más pequeños del Hogar. Como cualquier niños que separan de sus padres, abuelos o referentes en su primeros años de vida, la separación vino cargada de llantos  calmados por las Hijas de la Caridad, que colaboraban de manera activa con la Diputación Provincial de Huelva, para el cuidado y atención de los menores.

 

Allí aprendí a ser autónoma por necesidad, por lo que pasaría a acompañarme hasta llegar a la edad adulta, la famosa frase “demasiado madurez para su edad” y a ser conocida como “pequeña adulta”.

 

Al cumplir los cinco años, ya era los suficientemente “mayor”, para pasar a la habitación grande, recuerdo estancias enormes con hileras de camas, que se dividían mediante roperos que a mi parecer eran gigantes, las camas se separaban por mesitas de noche donde se guardaba la ropa interior, marcada por un número identificativo para cada niño. Yo era el 11!

 

Es a partir de esta edad, cuando de algún modo comienzo a tener mayores recuerdos, algunos positivos…. otros no lo son  tanto.

 

Recuerdo los ansiado fines de semana con gran ilusión,  nos poníamos en fila en la puerta de la cocina del hogar para recibir  en una bolsa grande de basura negra el costo de comida que llevaríamos a casa para poder estar con nuestros padres y cubrir las necesidades básicas de alimentación e higiene. Costo que mis padres utilizaban para vender y ganar dinero para su consumo y que llevaba  a que mi abuela tuviese que acudir al comedor social con sus cinco nietos y que no viésemos la ducha en todo el fin de semana… pero pese a ello, esperaba ansiosa el próximo fin de semana.

 

Esperaba sentada, junto a la portería…la llamada de mis padres, algunas no se realizaron nunca…otras llegaban con las falsas promesas de visitas el próximo domingo  que nos mantenían sentados en las frías escaleras de mármol durante horas y nunca se daban… pero no importaba, eran mis padres.

 

Que difícil me resultaba  explicarles a mis iguales como era mi familia, como había llegado a esta situación y cuando podría volver con ellos. Pese a tener las necesidades básicas cubiertas, nadie no se la razón, jamás me explicó por qué estaba yo allí, nadie trabajó conmigo mi sentimiento de abandono y menos cubrir la necesidad que como niña tenía de pertenecer a una familia, a mi familia. Ellos, y cuándo hablo de ellos me refiero a los educadores de centro, ya tenían su propia familia y yo era la niña de su trabajo, algo que con el tiempo vas asumiendo, no te queda otra! 

 

Oportunidad...lo intentaron, durante algunos años acudía una familia que colaboraba y  me llevaba a su casa,  me sacaba del centro y me hacía sentir especial, lo hacía alguno fines de semana, vacaciones…hasta que un día, no se porqué razón jamás volvió.

 

El roce hace el cariño y tras tantos años de mi estancia en centro fue lo que llevó a Dolores, educadora de centro a creer en mi, ella me explicaba, me aconsejaba y me hacía poner los pies en el suelo… tienes que saber que una vez te marches tendrás que valerte por ti misma, tienes que estudiar, tu familia no estará cuando salgas, tus hermanos no pueden cuidar de ti, tu puedes, tu serás capaz!!

 

 

Y cumplí la mayoría de edad…y terminó mi tiempo aquí,  16  años de mi vida. Se acabo mi pertenencia.. Mi tutela ya no pertenece a la junta, ya no pertenezco al Centro…ya soy los suficiente mayor para pasar a la habitación grande y aparecen de nuevo los miedos, la soledad, el abandono. Y es entonces cuando repetimos de nuevo lo que un día, sin yo elegirlo, sin tener culpa, sin motivo alguno me llevó a mí a estar aquí.

 

 

Acabaría aquí pero me gustaría que supierais, que en mi caso yo no repetí patrón, yo salí, fui capaz… alguien creyó en mi!!

 


Fdo:  EXTUTELADA

 

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